PEUGEOT 205 TURBO – MONTECARLO ‘85 – 1º
Los Grupo B son, para muchos, los vehículos de la era más anhelada y recordada
de los rallies. El Peugeot 205 quizá no fue, estéticamente, el más hermoso ni
espectacular de todos ellos. Pero indiscutiblemente, sí fue el que más veces ganó.
A principios de los ’80 Peugeot atravesaba una profunda crisis financiera que amenazaba
incluso los cimientos y la propia viabilidad económica de la empresa. Tenía una gama de
modelos anticuada y algo obsoleta, lo que llevaba años repercutiendo en las ventas.
En los años inmediatamente anteriores, Peugeot se había centrado en la construcción de
berlinas, más propias de la clase media y alta. Esta misma clase media y alta, en la
Europa de los años ’80 estaba de capa caída, aún renqueante de la crisis del petróleo de
los ‘70 y sobre todo con un reducido poder adquisitivo fruto del aumento del desempleo
por la reconversión industrial general que las economías occidentales estaban
experimentando durante ese decenio.
Así las cosas, alguien en Peugeot tuvo la brillante idea de atacar un nuevo segmento de
mercado, casi desconocido para Peugeot: los utilitarios.
El llamado a sacar de la crisis a Peugeot era un pequeño y polivalente utilitario, de 3 ó 5
puertas y con una estética que, conservando las tradicionales líneas agresivas de Peugeot,
había sido completamente estilizada y modernizada.
Al mismo tiempo, para dar mayor visibilidad al proyecto, Peugeot optó por volver a los r
allies, donde ya habían participado esporádicamente (sobre todo en los rallies africanos)
en los años ’60 y ’70, y que en ese momento estaban en auge merced a la nueva
reglamentación de grupo B.
El proyecto deportivo se puso en manos de un antiguo copiloto de la marca, Jean Todt
(sí, el mismo que fue director deportivo de Ferrari en la era Schumacher, y que es hoy
Presidente de la FIA), a quien se le dieron 2 condiciones: el coche de competición tenía
que parecerse lo más posible al 205 de serie y además tenía que ganar.
Peugeot debutó su 205 en el Tour de Córcega del ’84, ya entrada la era de los grupo B.
Cuando los grupo B fueron prohibidos dos años y medio después, a finales del ’86, el 205
ya había acumulado 16 victorias, 28 podios, 2 Campeonatos del Mundo de Constructores
y otros 2 de pilotos: el más exitoso de todos los grupo B.
Y de paso, la marca del león revolucionó por completo el mundo de los rallies: si hasta
ese momento, las marcas competían en el mundial con compactos, coupés y hasta
berlinas, la llegada de Peugeot con su pequeño utilitario fue una verdadera revolución,
al haber una marca que competía por vez primera al máximo nivel con un utilitario de
reducidas dimensiones.
Pero el epílogo a esta fascinante historia es todavía más extravagante: la prematura
supresión de los grupo B llevó a Peugeot a cancelar su programa de rallies. ¿Qué hacer
pues, con el pequeño 205 que, con apenas 2 años de vida en competición, todavía estaba
por desarrollar?
La respuesta se encontraba en el desierto del Sáhara: se cortó al 205 en 2 mitades, y
antes de reensamblarlas, se añadieron varios centímetros más de carrocería y chasis que
permitieran ganar en la estabilidad que necesitan pruebas con grandes distancias y en
espacios abiertos.
Peugeot se presentó en el París-Dakar del ’87 con su 205 renovado. Ganarían esa edición
y las 3 siguientes, si bien estas 2 últimas ya fueron bajo el nombre del 405.
La miniatura
El fabricante es Spark.
El molde es prácticamente perfecto, y el nivel de acabados y realismo logrado
francamente muy elevado, como todos los modelos de Spark.
Pegatinas publicitarias, ruedas, faros, frontal, limpiaparabrisas, radiador, guardabarros,
tubo de escape… todo ha sido fielmente reproducido conforme al modelo original. Incluso
en el salpicadero se aprecian el velocímetro y el cuentarrevoluciones, y el motor (situado
en la parte trasera y visible a través de la luneta) cuenta con numerosos detalles.
Justo ese motor tan extraordinariamente reproducido da una idea del ruido infernal que
tuvo que producir este vehículo, sobre todo para los pilotos.
El radiador, la calandra y las tomas de aire han sido incluso reproducidas con una especie
de metal, rugoso al tacto, emulando perfectamente el vehículo original.
Hasta el nombre de los pilotos figura en los asientos tipo baquet del vehículo, siempre
siguiendo al modelo original.
Incluso la matrícula, que para un ojo inexperto podría ser interpretado como una chapuza
pues parece que lo ha pintado un niño, es en realidad una fiel reproducción del modelo
real: la matrícula era así.
Spark es, junto a HPI Racing, la mejor marca de miniaturas, y al Peugeot 205 no le falta
detalle.
El nivel de detalles y acabado es tan alto, que a este 205 Turbo de grupo B sólo le falta
echarse a rodar.
FICHA DE MINIATURA
El Rally
Una de las razones por las que el Rally de Montecarlo tiene un cierto halo de magia es
por haber sido tradicional escenario de remontadas imposibles y victorias increíbles.
Uno de esos años donde se cimenta la anterior afirmación es 1985.
El Rally comenzó con una bonita lucha entre Röhrl y Vatanen, que intercambiaron scratchs
y posiciones hasta el 7º tramo, el de Burzet, de 45km y el más largo del rally. El tramo se
lo llevó Röhrl, que para esas alturas acumulaba medio minuto de ventaja.
A partir de ese tramo, Vatanen se anotó la friolera de 14 scratch seguidos, dando un
verdadero recital de conducción en condiciones muy complicadas, con nieve y hielo
acumulados en muchos tramos.
Semejante exhibición estuvo a punto de irse al traste cuando su copiloto (Terry Harryman)
cometió un desgraciado error a la entrega del libro de carretera en un control horario.
De 3 y minutos y medio que habían acumulado de ventaja sobre Röhrl, la pareja del 205
de repente se encontró con una penalización de 8 minutos, que les dejaba, pese a su
sobresaliente exhibición, a más de 4 minutos y medio del alemán.
Más aún, porque en el largo, lento y famoso tramo de Sisteron (37 kilómetros aquel año)
Vatanen adelantó a Walter Röhrl en pleno tramo cronometrado, a los pocos
kilómetros de salir, y pese a la distancia inicial de un minuto entre ambos.
Röhrl, conocido como “Master Monti” porque venía de ganar en Montecarlo las 3 ediciones
anteriores para sumar un total de 4, llegó a la asistencia visiblemente cariacontecido y sin
entender nada de lo que había pasado.
Ari Vatanen arriesgándolo todo en una apurada de frenada, visto desde el helicóptero del equipo.
Quedaba la última etapa, la larga noche del Turini, con varias pasadas sobre los míticos
tramos de la Madone, St Raphael y sobre todo el Turini.
Vatanen, que habría sido claro candidato a campeón del mundo aquel año si meses más
tarde no hubiera sufrido el gravísimo accidente de Argentina, decidió que el Montecarlo
no se le escapaba y, totalmente desatado, se lanzó como un poseso por las carreteras
alpinas durante la noche y la madrugada de aquel 1 de febrero. Se anotó otros 5 tramos
de los 10 que quedaban (para un total de 21 scratchs sobre 33 posibles), enjugando toda
la desventaja acumulada y ganando por… 5 minutos. Röhrl tuvo que rendirse a la
evidencia del Peugeot 205 y Vatanen, pero con su habitual ironía declaró ya en meta que
"siempre quise saber lo que era ser segundo en Montecarlo".
Fue, más allá de su Campeonato del Mundo de 1981 y de las 4 victorias en el Dakar, el
mayor logro deportivo de Vatanen y una de las victorias más recordadas del Rally de
Montecarlo por la espectacular remontada del ganador y sobre todo, las condiciones
(mucha nieve y hielo) y contexto en que se produjo (el error de su copiloto y el posterior
adelantamiento a Röhrl en pleno tramo, con remontada incluida).
CLASIFICACIÓN FINAL
La anécdota
La enorme ilusión que me hizo adquirir este modelo (hacia el año 2014), conocedor de su
historia, y que dada su extraordinaria calidad sirvió de reemplazo a una antigua
reproducción de pobre calidad que ya tenía desde 2004. Esa unidad, perteneciente a la
colección de Altaya de 100 Años de Sport Automóvil, sigue siendo hoy parte de la colección.
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