LANCIA DELTA S4 – RALLY MONTECARLO ’86 – 1º
A mediados de los ’80 el reglamento de grupo B en vigor para la máxima categoría de rallies ofrecía
gran permisividad en cuanto a prestaciones y una enorme facilidad de acceso a casi cualquier
fabricante, ya que tan solo era necesaria la fabricación de 200 unidades para homologar el
vehículo de competición.
La respuesta de Lancia a la normativa fue el desarrollo, desde finales de 1984, de un monstruo
de más de 450 CV y tan solo 900 kg de peso que tenía una aceleración tan brutal como la de un
Fórmula 1.
El vehículo debutó de manera oficial en el RAC ’85 con victoria. Y en el siguiente rally,
el Montecarlo ’86, se exhibió. Esta es la historia resumida del coche que marcó el canto del
cisne de los grupo B.
Con el objetivo de volver a imperar en el Mundial de rallies, Lancia sustituyó al superado 037 diseñando
un coche partiendo desde cero. Básicamente acumuló en un mismo coche las virtudes de los coches dominantes
del momento, el Audi Quattro y el Peugeot 205.
Del Peugeot copió su ligereza (el S4 pesaba apenas 900 kilos), del Audi su potencia (450 - 480 CV que llegaron
a ser más de 500 en algunas pruebas). Finalmente, copió de ambos la tracción total y como colofón, la propia
Lancia innovó al combinar el compresor volumétrico del 037 (que funcionaba a bajas revoluciones del motor)
con un turbo (que funciona a altas).
El resultado fue un vehículo que aceleraba tanto como un F-1 de la época, ágil pero extremadamente
difícil de conducir y que estéticamente infundía respeto, y daba incluso miedo ya solo de parado. El sonido del
motor del S4 también es inconfundible. Lancia llevó el reglamento de grupo B (que ya de por sí era
radical) a un nivel extremo.
Lancia inició el desarrollo del coche tan pronto como 1983, a la par que competía con los recién estrenados 037,
y en 1984 ya contaba con prototipos de pruebas. Los resultados iniciales fueron desalentadores:
el coche giraba poco y resultaba muy nervioso y de reacciones imprevisibles, lo que añadido a algunos
defectos de juventud hicieron retrasar el debut del coche (previsto en principio para mediados de 1985,
en el rally 1000 Lagos) hasta la última prueba de 1985, el RAC.
Sin embargo, algunos retoques y varios detalles de puesta a punto cambiaron el coche dramáticamente.
Lancia se presentó al RAC ’85 todavía con las lógicas dudas sobre el nivel del coche, pero éstas se disiparon
rápidamente: Toivonen y Alén culminaron un inesperado doblete, y la nueva victoria de Toivonen apenas
un mes después pero ya en la nueva temporada, el Montecarlo del ’86, pusieron de manifiesto no solo
la alta competitividad del S4, sino además que era el rival a batir.
Por desgracia, el resto del año fue menos feliz: la trágica muerte de Toivonen y su copiloto Sergio Cresto
en el Tour de Córcega ’86 tuvo como consecuencia la reacción de la FIA prohibiendo el grupo B a partir de 1987,
además del futuro grupo S. Lancia paró en seco el desarrollo del vehículo y canceló el prototipo de grupo S
en el que también llevaban muchos meses trabajando.
Con todo, el Lancia Delta S4 apenas sí disputó una temporada completa donde venció en nada menos que
4 rallies (RAC ’85, Montecarlo, Olympus y Argentina ’86, además del San Remo ’86, si bien esta última
victoria terminaría siendo anulada a final de temporada) en la época más disputada y competida del
reglamento del grupo B, quedando a las puertas de ganar tanto el título de marcas como el de pilotos de 1986.
Lancia llevó al extremo el reglamento de grupo B, diseñando un coche radical, tecnológicamente
muy avanzado y de unas prestaciones inigualables.
El S4 supuso el canto del cisne de una generación de coches irrepetible, los grupo B, y la paralización
de su desarrollo dejó para siempre la eterna duda de hasta dónde podría haber llegado el coche en prestaciones
y resultados, ya que tenía un inmenso potencial de desarrollo que quedó por explotar.
La miniatura
El modelo es un IXO.
El modelo es en general bueno, pero tiene un par de detalles, en especial uno, que tiran por la borda el
buen trabajo realizado, haciendo que uno se quede con ganas de más cuando estamos hablando de un
modelo tan icónico como el Lancia Delta S4.
Empecemos por lo positivo:
La calidad del molde es más que decente. Pasos de rueda ensanchados, apéndices aerodinámicos
frontales y tomas de aire tanto laterales como la del techo que están realizadas con gran realismo. La del
techo incluso está hueca, con lo que se pueden ver elementos de dentro (el motor).
Los parabrisas quedan algo hoscos pero pasan el corte, y la parte trasera del coche también está lograda
con gran realismo.
Uno de los 2 problemas aparece con los tornillos de las llantas, negros en el original y mantenidos en la
miniatura en un blanco que llama demasiado la atención. Este mínimo detalle es sin embargo asumible.
El interior es uno de los puntos fuertes: los asientos azules son como los originales, e incluso figuran los
nombres de los pilotos además de la marca de los cinturones de seguridad.
El motor, además,
está logrado con gran semejanza al original en cuanto a su parecido y disposición. Este conjunto muestra
verdaderos detalles, dignos de las mejores miniaturas.
Las pegatinas, en líneas generales son de buena calidad, y han sido colocadas con dedicación,
guardando el equilibrio del conjunto. El gran problema aparece en los laterales, en las puertas: en concreto,
la pegatina amarilla redonda donde se especifica la categoría del coche ¡pone Gr. A! ¿Cómo es posible
semejante descuido? Es un modelo icónico, legendario, y este incomprensible y garrafal error al encuadrarle
en una categoría a la que no pertenece es importante y pasa factura al resto.
El acabado sería bueno de no sumar al pasable problema de los tornillos de las llantas el inaceptable de
la pegatina de Grupo A.
La calidad general queda resentida en un modelo cuya base, cuyo molde es ejemplar y con detalles de
mucha calidad, pero donde los descuidos mencionados arriba pasan factura.
Una pena, porque aun siendo la base muy buena, los “detalles” anteriores hacen que el aficionado a los
rallies / miniaturas se quede con ganas de más y con un cierto sabor insípido, porque el modelo iba para
(y de hecho debería haber sido de) una nota que lamentablemente no alcanza.
FICHA DE MINIATURA
El Rally
El Montecarlo ’86 contaba con una inscripción de auténtico lujo para una temporada que se presentaba
como la mejor de siempre.
Hasta 8 marcas (que habrían sido 9 si Ford hubiera llegado a tiempo para inscribir sus RS 200) presentaron
vehículos de la máxima categoría, de grupo B, y más todavía: con la excepción de 8 coches, había que ir
hasta el dorsal 63 para ver coches de grupo A o N; todos los demás eran de grupo B, la máxima categoría.
Esto deja claro hasta qué punto los grupo B atrajeron a las marcas, al público y a los pilotos, en una era
rica y diversa en cuanto a competitividad.
Yendo al rally en sí, el Montecarlo de aquel año estaba diseñado como una maratón de casi 4.000 km
(para ponerlo en contexto tan solo eran 200 km menos que el Safari de ese mismo año) de los cuales casi 900
eran cronometrados. A esta locura en el kilometraje se unieron unas condiciones de mucha nieve en los tramos.
Uno de los favoritos a la victoria era Henri Toivonen, que venía de ganar el RAC hacía apenas mes y medio
y que en una entrevista a la televisión inglesa recién acabado ese evento desveló que en Lancia esperaban ser
capaces de mejorar el coche “entre un 30 y un 40% de cara al Montecarlo”.
Dicho y hecho: Toivonen se anotó la 2ª especial del Montecarlo y se puso en cabeza de un rally que dominaría
de forma magistral hasta la especial 22. Ahí, en un tramo de enlace, Toivonen tuvo un accidente frontal
contra el coche de un espectador. Además del enorme susto, el accidente le costó a Toivonen llegar tarde
al control horario con la consiguiente penalización, amén de llegar tarde a la propia asistencia, donde
tuvieron que trabajar a contrarreloj para arreglar el destrozo en el coche.
El S4 de Toivonen tras el accidente contra el coche del espectador. Detrás de los mecánicos en segundo plano, el Ford Taunus
contra el que tuvo el accidente.
Salonen, con su Peugeot, aprovechó la siguiente especial, el largo y famoso tramo de Sisteron, para
colocarse líder. Pero la alegría le iba a durar poco.
En una situación similar a la que su compatriota Vatanen había vivido el año anterior, Toivonen de repente
se vio por debajo en casi 5 minutos en un rally que hasta ese momento había dominado cómodamente.
Si el Montecarlo ’85 se recuerda por la sensacional remontada de Vatanen, el ’86 se rememora por la
no menos espectacular remontada de Toivonen.
Henri, una incipiente estrella de los rallies que por entonces gozaba de una fama similar a la que Ayrton Senna
también empezaba a tener, se lanzó en pos de una furiosa remontada que le llevaría a enjugar la desventaja
acumulada en apenas 5 tramos: en el tramo 28, tras la 1ª pasada por el Turini, ya era nuevamente líder.
A partir de ahí, el rally fue un recital Toivonen, acumulando cada vez más ventaja, hasta endosar 4 minutos
al 2º clasificado, el defensor del título Timo Salonen.
Con su 2ª victoria consecutiva, Toivonen confirmó su gran afinidad con el potente Delta S4 y de paso dejó
claro que era firme candidato al título de pilotos de aquel año. Y por si esto fuera poco, “limpió” el nombre
familiar: 20 años antes, en 1966, su padre también venció en Montecarlo, pero aquella victoria había llegado
tras la injusta descalificación de los 3 Mini vencedores.
Salonen, campeón del mundo en título y que había llegado 2º, en unas declaraciones quizá premonitorias
manifestó a la prensa que “seguir el ritmo de Henri rayaba en el suicidio”.
Henri Toivonen en un fotograma de la TV francesa que retransmitió en directo el 1er tramo del Montecarlo ‘86
CLASIFICACIÓN FINAL
La anécdota
Uno de los coches que más tiempo lleva en la colección y que de hecho compré aún estando en
Barcelona, en el año 2008.
Este modelo llegué a tenerlo como salvapantallas de mi primer móvil, y he de reconocer que me pasé
muchas horas mirando tanto al salvapantallas con el coche como a la miniatura en sí, intentando descifrar
y averiguar todos los entresijos y detalles de una miniatura envuelta en el misticismo, responsable última
de un abrupto cambio en la reglamentación de los rallies de la época.
Un coche, de por sí no precisamente bonito (los italianos lo llaman il mostro) pero sí con una intensa historia
detrás.
Comentarios
Publicar un comentario
¡Hola!
Encantado de leer tu comentario siempre que se haga desde el respeto. Expresándote enriqueces.